El hundimiento de Cs, ¿Por qué?

Ciudadanos (Cs) se fundó en 2006, y en las penúltimas elecciones, celebradas el 28 de abril de 2019 ya tenía 57 diputados sentados en el Congreso. O sea, que se ha convertido en el partido con la mejor marca ascendente de España. Ningún partido político ha conseguido tanto en tan poco tiempo. Lo paradójico es que se ha convertido también en el partido con la mejor marca descendente (superado por UCD en cantidad pero en mayor tiempo), porque ningún partido ha perdido tanto en tan poco tiempo. Rivera comparecía ante la prensa en el que sin duda ha sido su peor día en sus 13 años de carrera política: una debacle electoral sin paliativos le había sepultado en solo seis meses desde la tercera a la sexta fuerza en el Congreso; de 57 a 10 escasos diputados.

La razón que probablemente se nos viene a la mente primero es su acercamiento a la extrema derecha. Sus acuerdos a la hora de formar gobiernos de coalición con el PP, en ayuntamientos y autonomías en las que Vox debía ser otro aliado imprescindible para que el proyecto saliera adelante, ha sido mal visto y ingerido por muchos de sus votantes, y más cuando el partido ha negado por activa y por pasiva lo evidente: que han sido partícipes de coaliciones que no hubieran sido posible sin el apoyo de Vox. se acercamiento a la extrema derecha sí ha provocado que algunos afiliados de peso abandonaran Ciudadanos, y con ello la pérdida de muchísimos votos.



Otra razón muy destacable es el veto impuesto a Pedro Sánchez. La estrategia de los de Rivera no sólo no evitó el goteo de votos a su derecha, sino que le hizo perder apoyos también a su izquierda. Un espectro donde siempre se había movido Ciudadanos, recogiendo los votantes que el PSOE de Sánchez había olvidado por recortar distancias con PodemosPero con su llegada al Gobierno y las presuntas concesiones a los independentistas, según Rivera y los suyos, han cerrado la puerta principal de su electorado. Ciudadanos ha impuesto un veto al PSOE constitucionalista y han hecho suyas las teorías de Casado y Abascal sobre la “traición” de Sánchez¿Qué ha pasado entonces con el votante de centro-izquierda? Pues que ha regresado a su hábitat natural gracias a la estrategia del PSOE. Los socialistas han ocupado ahora ese hueco que había asumido la formación naranja con su llegada a las instituciones en 2015. El mensaje se ha radicalizado y las encuestas han castigado este viraje.

Además, también ha tenido problemas internos, concretamente en los sistemas de primarias. La ganadora de las primarias en Castilla y León fue Silvia Clemente, siempre bajo sospecha en el PP por corrupción. De hecho, se probó fraude en la elección, y el ganador pasó a ser Francisco Igea. La expopular fue uno de los tantos fichajes que tuvo que hacer Ciudadanos para completar sus listas. De esto subyace una debilidad a nivel autonómico que el elector también ha comprobado de primera mano.

Ciudadanos supo ver su oportunidad para crecer como partido liberal, regeneracionista y constitucionalista cuando el escenario se trastocó tanto a partir de 2012. El unilateralismo independentista, la aparición de Podemos, el desconcierto socialista y la corrupción del PP fueron una combinación de factores única. En esa coyuntura podía haber optado por asumir un papel de bisagra, reemplazando en esa función a la denostada Convergencia, y aspirar a convertirse en pieza muy influyente de cualquier mayoría de Gobierno. Pero pensó que, como bisagra, estaba condenada a la misma suerte que los liberales alemanes, británicos o suecos, con no más de entre el 5% y el 15% del voto (paradójicamente la situación de los liberales alemanes no es mala ni mucho menos, pues siempre son fundamentales para que los conservadores o socialdemócratas alcancen la mayoría necesaria, por tanto, sus propuestas son escuchadas).  Rivera soñó entonces con ser Emmanuel Macron, pero sin su talento y sin presidencialismo a doble vuelta. Y el resultado es parecido al de los partidos centristas del sur de Europa (Portugal, Italia o Grecia), casi inexistentes y con poco o ningún peso político.

Así las cosas, Ciudadanos, encarnado en Albert Rivera, ha perdido todo el músculo electoral que demostró en comicios anteriores. En resumen, su mala planificación y su afán por imponer un cordón sanitario al PSOE en lugar de, como le aconsejaba su admirado Macron, a la ultraderecha, han provocado un frenazo en seco de lo que prometía ser la primera fuerza del centro-derecha.

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